jueves, 15 de junio de 2017

Denise Gómez Rivero, una pequeña niña gigante.




Bajo la lupa.
Nombre completo: Denise Edith Gómez Rivero.
Edad: 21 años.
Signo: Virgo.
Lugar de nacimiento: San Miguel (Buenos Aires).
Un actor de teatro nacional: Mi maestro, Edgardo Moreira.
Una actriz de teatro nacional: Mi maestra, Maia Francia.
Un actor de cine: Johnny Depp.
Una actriz de cine: Meryl Streep.
Las tres mejores obras que vio últimamente: “La Terquedad”, “Terrenal” y “Othelo”.
Las tres mejores películas que vio últimamente: En el cine mis ultimas tres películas fueron “La La Land”, “La bella y la bestia” y “Piratas del Caribe”.
Programa de televisión: Quiero música.
Un ídolo: mi papá.
Un miedo: Que mi herramienta de trabajo se dañe (mi cuerpo).
Una alegría: Ver a mis padres en el público.
Algo que te defina: Perseverancia.


Vida.
A mi infancia la recuerdo como una época de pura alegría y disfraces. Digo esto porque no recuerdo un día en el cuál no me haya disfrazado para representar escenas de películas, de musicales o historias inventadas por mí. Sin duda, mi pasión por mi profesión se despertó de muy chica, para ser exacta, a los tres años cuando en mi primer acto de jardín de infantes me hicieron representar a Raffaella Carrá con un short y corpiño rojo que estaba bordado de lentejuelas, unas botas amarillas hasta las rodillas y una peluca rubia corta. A todo esto no puedo dejar de recordar la canción “0303456” que bailábamos con mis compañeritos. Y así como otros hechos maravillosos donde el baile, el canto y por supuesta la actuación formaron parte de mi vida. En mi adolescencia me empecé a instruir un poco más en una academia en San Miguel (haciendo comedia musical) y ya para los dieciocho años decidí irme para Capital Federal a estudiar la carrera de la licenciatura en arte dramático.

Maestros.
Creo que a veces las pasiones se despiertan en casa. Mi familia es muy enérgica y alegre, no faltó nunca la música en mi hogar ni las ganas de jugar. Es muy importante decir la palabra jugar para mí, porque creo que es la base de todo en la vida. Los niños se dan el privilegio de investigar, imaginar y crear. En ese trayecto del juego estuvieron los maestros más importantes en mis inicios, mis padres. Siempre tengo esta frase grabada: “Actuar es el juego más serio que hay”. Llego a esta conclusión gracias a todos los grandes maestros que pasaron por mi camino. En especial aquellos que se detuvieron a transmitirme sus saberes para que yo pudiera construir los míos. Estoy muy agradecida con cada uno, desde mis maestros en mi colegio de José C. Paz, mis profesores de la academia de San Miguel, personas de cursos y seminarios que tuve el placer de conocer y aprender. Y por supuesto a las extraordinarias mentes de mi carrera de arte dramático, maestros que llevaré siempre en el corazón. 

El teatro.
El teatro para mí, representa todo lo que nunca podré ser en la vida real. Quiero decir con esto que el teatro es tan puro que me deja tomar la vida de alguien más para hacerla propia. Sin juzgar, sin dañar, sin arrebatos. Simplemente con dejarme sentir por el personaje que me toca encarnar. No hay nada más hermoso que poder prestar mi cuerpo y mi voz a personajes que están muertos para ir viendo como cobran vida.

Teatro clásico.
El teatro clásico es algo increíble, me encanta representar obras de este estilo. La gente muchas veces me pregunta ¿Cómo haces para memorizar semejantes textos? Y respondo: Yo como actriz tengo que naturalizar esos textos hasta hacerlos propios. Es perderle un poco el respeto y empezar a jugar con la historia. Los personajes son personas como nosotros. “Juana de Arco”, en este caso, fue un personaje que existió, entonces si quiero construir desde un ideal jamás podré conocer a Juana, realmente hay que investigar e incursionar sobre la mente del personaje, sobre su historia, sus miedos, lo que ama, lo que no les gusta, etc. Y así recién comenzaremos a crear a estas bellas criaturas que están encerradas en un libro.

Teatro tradicional.
Siento que me ayuda para acercarme más al espectador. En el caso de “El Padre”, la historia toca temas donde la gente hace catarsis al instante. Hay un punto en el que el espectador se ve a si mismo en los personajes que encarnamos y que al finalizar la función, esa ilusión que se creó durante una hora y media se corta y deja como una especie de vacío. Una reflexión interna que altera al hombre. Mi personaje, Bertha, en esta obra es el objeto de conflicto. La causa por la cuál se desata la disputa entre los padres. Strindberg, como tantos maravillosos autores, toca temas problemáticos que no tienen una resolución. Son temas que el hombre jamás podrá resolver, entonces eso hace que el público se inquiete y me parece algo fantástico.

“Juana de Arco”.
Me gusta decirle “Mi Juana de Arco”, porque yo le entrego todas las funciones algo de mí a esta maravillosa doncella.  Fue una construcción que comenzó como algo completamente lejano pero todo mi recorrido hizo que la ame con locura hasta tal punto de sentirla dentro de mí. Una vez una sabia profesora me dijo: “invitá primero a tomar un café a tu personaje para conocerlo” y así fue, Juana pasó de ser un emblema histórico a una mujer que pude conocer en carne propia. Siempre trato de pulir detalles para que ella pueda surgir. La defiendo a muerte. Convive conmigo las veinticuatro horas del día, pero cuando llegan los sábados es como si eso se multiplicara, es como si un fuego de adentro mío quisiera salir. Realmente dejó de ver a mis compañeros de elenco como personas y comienzo ver a sus personajes. Cada función encuentro más y más momentos donde conecto con Juana. Es una búsqueda constante que no termina con los ensayos. El teatro es algo efímero, es decir que solo ocurre una vez, ninguna función será igual a la anterior, por ende, disfruto de cada una y me dejo sorprender por mi Juana.

Sueños teatrales.
Siempre es superarme a mi misma, ser una mejor versión de mí. Saber que puedo dar más y más cada instante. Yo siento que estoy transitando mi sueño, con fines mediatos que se irán extendiendo para llegar a un fin último, que estimo que sea ser una actriz con grandes conocimientos y poder transmitirlos de la misma manera que lo hicieron conmigo.

Sueños personales.
Mis sueños a nivel personal es poder crear constantemente y producir mis proyectos. Saber que puedo potenciar mi instrumento y seguir formándome. El ser humano nunca termina de aprender, por eso les agradezco a mis constantes ganas de saber más y más cada día.



Crítica “Juana de arco”.
Precioso teatro clásico y épico el de Marcelo Silguero con “Juana de Arco”. Su dulzura escénica, el espacio que le da a cada actor, y sobre todo a la misma Juana es de una calidad llamativa. En la actualidad, su mencionado director tiene dos obras en cartel, pero la precisión de cada una, es para aplaudir. No por ser hombre, arrincona a la mujer ni la expone, de hecho su otra obra en cartel es “8 mujeres”. El punto justo para ambos géneros, es su sello.

“Juana de Arco” cuenta la historia de la doncella de Orleans, como escribe en el libro original Friedrich Von Schiller, seguramente el dramaturgo alemán más importante de todos los tiempos, quien es cuestionada por su padre por lo inexplicable de sus actos y por su extremo credo. A su vez, su aldea es incinerada por los ingleses y ella siente el mandato divino de ayudar a Francia, su patria.

Para esta apoteótica obra, Marcelo Silguero recurre a veintidós actores, aunque es a simple vista, que destacamos a Denise Gómez Rivero en primera instancia. Hay que seguirle los gestos, sus movimientos y la potencia de su voz, para creernos estar allí, junto a ella, en el 1431. Con un vestuario de lujo y una iluminación cándida, la obra nos lleva por todos los momentos de tensión, algarabía, tragedia y poca comedia. Muy logradas algunas escenas, como el encuentro entre Juana y su amado.

En esta carrera ascendente que libró Marcelo Silguero en su área de teatro independiente, “Juana de Arco” es otro paso firme.


Entrevista y crítica son propiedad exclusiva de Natalia González para Teatro con Rouge.






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